Hay científicos que creen que pueden crear vida, pero pocos se paran a pensar que sin la sustancia base de la vida no se puede crear ninguna forma de vida.

El ser humano puede matar, pero no crear vida; mata a seres humanos, destruye la naturaleza y maltrata al planeta Tierra, pero en algún momento habrá un cambio, pues tal y como el ser humano es hoy día no puede existir a la larga, es decir dejará de estar sustentado por el Espíritu del Creador que también es la vida sobre la Tierra.

El ser humano visto en general ha suprimido la voz de su conciencia. Debido a su falta de conciencia destruye aquello que le estorba para así disfrutar y vivir sin impedimentos eso que él llama vida. Pero la mayor parte de la existencia del ser humano transcurre por carriles estrechos, es decir con estrechez de miras en la forma de pensar, hablar y obrar.

Cada cual piensa sólo en sí y quiere sólo para sí, los demás le dan igual. Una y otra vez transcurre todo según el mismo esquema, siempre pensamientos y palabras iguales, centrados en la materia, egocéntricos e intelectuales. La realidad del Espíritu que lo traspasa todo es excluida. Pero esto no tiene nada que ver con la vida, es un mero vegetar. Ésta es la causa de la indiferencia y de la dejadez en lo que concierne al pensar, al investigar y a la búsqueda más profunda de Dios.

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