Algunas religiones de culto como por ejemplo la iglesia católica, condenan al fuego eterno a quienes no han sido bautizados, son ateos o son apóstatas, los excluyen del cielo y  de las moradas espirituales eternas de las que habló Jesús de Nazaret y sólo por su forma diferente de creer. Pero Jesús no rechazó ni excluyó a nadie ¿entonces de dónde ha salido esto?.



Si los miembros de la casta sacerdotal se consideran cristianos, con el rechazo de aquellos que piensan de forma diferente están cometiendo un fraude de fe, pues quien predica que una persona puede alcanzar la vida eterna sólo en base a ceremonias, dogmas y sacramentos, está marginando al prójimo y poniéndose contra el Mandamiento principal expresado por los profetas de Dios y contra Jesús de Nazaret. Además no solo viven en una mentira sino que están engañando a millones de personas que creen que tras la absolución del cura, irán al cielo eterno, a la diestra del Padre, cuando lo cierto es que como dice el dicho popular “tal como el árbol cae, así se queda”, es decir, no cambia nada tras la muerte, seguimos siendo los mismos, y seguimos portando las cargas, pecados, vicios e inclinaciones que teníamos siendo hombres, y con eso no se accede a nuestro Hogar eterno por muchas absoluciones que nos den.

Jesús predicó y enseñó sin intermediarios, sin santos, sin sacerdotes, El nos acercó al buen Dios, y nos convenció de que todos somos hermanos y hermanas hijos del Único Santo. ¿Para qué entonces los dogmas que separan? ¿Para qué los sacramentos que atan a unos y excluyen a otros? ¿Por qué los superiores y los inferiores? ¿Por qué los santos por un lado y los fieles comunes por el otro, si la ley de la vida dice: “Ama a Dios, tu Padre de todo corazón y a tu prójimo como a ti mismo?”

Jesús no fundó ninguna Iglesia. Él no hizo construir templos de piedra. Él no designó sacerdotes, ni obispos, ni Papas. Él dio la palabra de los Cielos para mostrar a los hombres el camino hacia el Reino eterno. Su forma de hablar era libre y Su palabra era y es la palabra de la libertad y de la verdad. Las instituciones que quieren atar a los hombres a ideas y puntos de vista institucionales, no tienen nada que ver con el espíritu libre del Cristo de Dios. Jesús dijo: “Cuando recéis, no tenéis que decir muchas palabras como hacen los paganos. Ve a tu aposento silencioso, cierra la puerta y ora a tu Padre que vive en ti”.                                      

¿Para qué se necesitan entonces a los santos elevados a los altares, las iglesias, los sacerdotes, los dogmas o los sacramentos? Dios no necesita intermediarios, pues nadie puede reparar los pecados de su prójimo, ningún cura, sacerdote u obispo, ni siquiera el  Papa, aunque a menudo presuman de ello. Dios conoce y conduce a cada hijo suyo y le muestra el camino que, si lo desea, puede seguir para liberarse de todo lo que aún le separa de Él.

 


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