La Filosofía consideraba al aire, junto con la tierra, el agua y el fuego, elementos fundamentales y constitutivos de los cuerpos. La Tierra está envuelta por una delicada capa de gases que conocemos cono atmósfera. Entre otras funciones actúa a modo de escudo contra las radiaciones solares y las lluvias de micro meteoritos, y en ella tienen lugar los fenómenos atmosféricos.

{mosimage}El aire constituye las partes bajas de la atmósfera y en su composición figuran gases como el oxigeno que permiten la respiración de la casi totalidad de los seres vivos que componen la biosfera.
Fue necesaria una atmósfera muy primitiva para que surgiese la vida, las primeras evidencias están datadas alrededor de 3.800 millones de años atrás, y todo apunta a que es muy probable que las condiciones ambientales en que esta se originó, fueran muy parecidas a las existentes en los géiseres y fuentes termales actuales, donde existe vida anaerobia a pesar de sus temperaturas cercanas a los 100º C. Existen también evidencias de que al desarrollo de lo que hoy es nuestra atmósfera contribuyeron en gran medida la masa total de todos los seres vivos que desde aquella época poblaron el Planeta, y que pueden estar en valores que van del 10 por 100 a 100.000 veces la masa total de la Tierra. En concreto estos empezaron a actuar acelerando como catalizadores un proceso iterativo, eliminando bióxido de carbono de la atmósfera con un descenso de las temperaturas, coincidente con la transformación del bióxido de carbono en oxigeno. En los primeros tiempos solo teníamos cianobacterias, ya que estas podían sobrevivir a las temperaturas existentes, unos 70 ºC, posteriormente se desarrollaron las eucariotas 60 ºC hace 2.600 millones de años, los metazoos, 50 ºC y unos 1.000 a 1.500 millones de años y no es hasta el fanerozoico 20 ºC, cuando la vida entra en una dinámica de expansión. La importancia de la biosfera es tal que incluso tiene cierta influencia sobre el mundo inorgánico. Pues bien, del que este frágil velo, compuesto en parte por una pequeña capa finita de aire, se mantenga estable, y sea mínimamente respirable, depende la vida de los seres humanos.
Los agentes que atacan la atmósfera y el aire que esta contiene, proceden, o bien de procesos naturales, como pueden ser las erupciones volcánicas, y los incendios forestales por caída de rayos, o bien proceder de los procesos industriales en sus múltiples derivadas y las actividades agroganaderas, así como incendios forestales causados por negligencia o mala FE. Forman parte de nuestra sociedad ¿desarrollada? A estas emisiones constantes hay que añadir otras, causadas por accidentes (Bhopal, en India, 40.000 muertos en pocas horas por fuga tóxica en la Empresa Unión Carbide), y las guerras. Por culpa de la GUERRA CONTRA IRAK EN 1991( Tormenta del Desierto), y la quema de pozos de petróleo, petroquímicas y petroleros, nuestra atmósfera sufrió una herida desgarradora, coincidiendo en el tiempo se sumo a ella la erupción del volcán Pinatubo, arrojando una nube de gases a la atmósfera sin pretérito histórico conocido. Actualmente la herencia del binomio permanece en nuestra atmósfera en forma de nube de gases que rodea gran parte del planeta y se traslada con los vientos.
Aún sabiendo las graves consecuencias globales presentes y futuras que afectan la estabilidad ambiental, social y económica del planeta nos encontramos ante un problema intrínsicamente complejo desde el punto de vista científico, e igualmente complicado por sus implicaciones económicas y políticas. Los costes económicos (dios dinero para muchos) de las reformas planteadas serían ya perceptibles a muy corto plazo por los grandes grupos industriales, mientras que los beneficios en la calidad del aire que respiramos se irían viendo con mucha mayor lentitud. El resultado de la entrada en vigor del descafeinado Protocolo de Kyoto, está teñido de claros/oscuros, con ciertas mejoras y desalentadores empeoramientos. En España los resultados de momento son poco perceptibles, debemos de esforzarnos con urgencia, ya que en las emisiones de Gases Efecto Invernadero la tendencia es al aumento. En quince años estas emisiones, se han incrementado en un 52,2% lo que nos aleja en un 37,2% del compromiso adquirido. Igualmente tenemos serias dificultades en el control de otros contaminantes como los acidificantes, eutrofizantes y precursores de ozono, únicamente el dióxido de azufre ofrece una tendencia clara de reducción. El hexafluoruro de azufre presenta un porcentaje de aumento muy llamativo con un 150,7%. Otros factores que contribuyen al incremento de la contaminación del aire son: la tendencia en la utilización de vehículos con motores diesel y que representan el 45% de nuestro parque móvil, y la menos conocida contribución de gases contaminantes procedentes de los hogares. Solo en España estos han desprendido a la atmósfera 368.282 Kilotoneladas de dióxido de carbono.
LA VIDA, tal y como nosotros la conocemos ha sido producto de un proceso evolutivo de millones de años, ¿podemos nosotros los Homo Sapiens alterar este proceso hasta el punto de causar nuestra propia extinción como especie, cegados por un falso concepto de bienestar?
Cuando se trata de Ser o no Ser, las antiguas reglas y preceptos pierden su sentido, Nosotros seremos los responsables de nuestro propio éxito o fracaso como especie. La vida persistirá, aunque nosotros hallamos desparecido.

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