Por fin empieza la primera sesión del ansiado ‘teatrillo’, que dijera el portavoz parlamentario y ejemplo en el que ningún personaje político debe reflejarse Rafael Hernando, y se representará en un escenario que contará con los principales personajes de todo lo que en otros países civilizados causaría estupor, como son Mariano Rajoy como Presidente del primer partido político imputado judicialmente por corrupción y Albert Rivera que resultó elegido por su compromiso contra la corrupción política y paradójicamente ahora se convertirá en su principal aval.

El ‘teatrillo’ no es nada más que un mero ejemplo que lleva provocando mi silencio público durante el último año, en la seguridad de que si hubiese seguido opinando como me caracteriza habría provocado el segundo secuestro judicial del periódico en el que escribo. No obstante rompo mi silencio ante hechos como el objeto de atención hoy en este espacio periodístico. Cualesquiera que fuese la estrategia de Ciudadanos, si abstención en la primera y voto afirmativo en la segunda, lo cierto es que Albert Rivera se pasó toda la campaña electoral asegurando que a Mariano Rajoy no le daría su voto, y no menos cierto es que ya tiene su compromiso firmado para dárselo como Presidente del Gobierno.

No es nada nuevo prometer en campaña una cosa, con lo que éstas sí que se han convertido en un teatro en el más amplio sentido de la acepción, y hacer lo contrario tras resultar elegidos, en la seguridad de que todo tiene justificación. Las dos últimas promesas de Ciudadanos llaman poderosamente la atención, más si cabe que la incumplida tras las Elecciones Municipales cuando se postulaban como promotores del cambio en la provincia de Almería y justamente avalan con sus votos lo que había en Adra, Almería y Roquetas de Mar, como es la mencionada de que no votarían a Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno y que lucharían contra la corrupción política.

En mi opinión, Ciudadanos contaba con el atractivo de su lucha contra la corrupción política en un país en el que el latrocinio protagonizado por nuestros dirigentes políticos es antológico, así lo avaló votando el Gobierno del PP en la Comunidad De Madrid y al del PSOE en Andalucía donde le exigió a Susana Díaz la dimisión de Griñán y Chaves. Pero hete aquí que como el papel lo aguanta todo ahora hemos sabido que la corrupción política es de dos clases, la de quienes “meten la pata” la de lo que “meten la mano”, con lo que estos distingos dan rienda suelta a los chorizos políticos intelectualizados, porque Ciudadanos debe entender que “meter la mano” es muy vulgar y de lo que se trata es de elevar el nivel.

Así, pues, por sus protagonistas el “teatrillo” va a resultar de lo más ameno, especialmente entre el líder de los corruptos y el de las proclamas festivaleras. Es la mejor opción el empecinamiento de Pedro Sánchez ‘el mártir’ en abstenerse y negarle el voto a Mariano Rajoy, porque aunque no ganase nada en unas terceras Elecciones Generales sí conseguirá ganarse el aprecio y la simpatía de los socialistas y la Izquierda en general al llevar hasta su extremo el rotundo “no es no” a Rajoy.

Con Rubalcaba se produjo una desbandada de unos 20.000 afiliados que se dieron de baja, pero si Pedro Sánchez consiguiera tras los comicios vascos consolidar y plasmar en la realidad el “no es no” y limpiar su equipo de ‘pizzas bravas’ estoy seguro de que muchos de ellos regresarían, al tiempo que se consolidaría como líder indiscutible de la Izquierda al haberse constatado que sus actos de firmeza han resistido al Gobierno que le nombró Iglesias y al sorpasso de Unidos Podemos.

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