La decisión de la Agencia Pública de Puertos de Andalucía (APPA) de poner al cobro durante el verano los aparcamientos de que dispone en la explanada del puerto de Garrucha es la razón de este artículo.

Sobre las décadas de los años setenta y ochenta del siglo pasado el enorme tráfico de camiones del yeso a granel llegaba al puerto de Garrucha recorriendo casi todo el paseo marítimo (entonce de tierra), desde la bajada de la carretera de Turre hasta el acceso al puerto comercial.

La travesía se efectuaba a diario y de forma continua, sin miramiento alguno. Semejante tráfico significó que la población de Garrucha tuviera que padecer durante años el ruido de los camiones, sus saltos en los desniveles del terreno, el polvo que levantaban y el peligro que suponía el paso de tanto camión dentro de la población. Este era el panorama que me encontré cuando en 1979 accedí a la alcaldía.

Una situación que tantos disgustos me ocasionó. Por fortuna el insoportable paso de camiones a través del paseo acabó definitivamente en 1982, cuando comenzaron las obras de urbanización del mismo. Pero si se acabó el pesimismo ambiental del paso de los camiones se nos quedó la herencia de la contaminación atmosférica que ocasiona la carga diaria de yeso en los barcos, ya con más de cuarenta años de duración; contaminación que respira la población sin rechistar. Es algo que se puede comprobar fácilmente, basta con visitar cualquier piso del malecón para ver el yeso depositado en los muebles.

Otra carga que ha tenido que soportar este pueblo, han sido los grandes atascos de vehículos que verano tras verano se han sucedido en su paseo marítimo, atascos ocasionados por el desmesurado número de camiones del yeso que a diario y de forma continua entran y salen del puerto.

La causa de tales atascos se debía a la necesidad de que esos camiones cruzaran la carretera de Vera a Garrucha, a la altura de Mercadona, donde fue necesario instalar un semáforo con los tiempos de paso de más larga duración. Ha sido otra contrariedad que ha perdurado hasta que hace tres meses se ha habilitado el soterramiento de acceso al puerto, que además ha eliminado el peligroso cruce de más abajo, el de paseo de Tence.

Además de lo que ya digo es preciso recordar y tener en cuenta que últimamente Garrucha ha sufrido la pérdida de buena parte de la poca playa que tiene para beneficio de la reciente ampliación del puerto deportivo, cuyo negocio le supone buenos dineros a la APPA. Respecto a la pérdida de playa ha de saberse que la agencia portuaria se comprometió, mediante convenio (tengo una copia), con la Dirección General de Costas a construir una nueva playa en el tramo de costa comprendido entre el castillo y la gasolinera, que fuera compensatoria de la playa ocupada.

Pero ni se ha cumplido con lo convenido ni nadie con atribuciones lo ha exigido; algo incomprensible, pero así es. No cabe duda de que tales reveses han dañado, cada uno en su tiempo, la oferta turística de Garrucha, pues las playas y el paseo marítimo son la clave del turismo municipal, base de su economía. Un turismo que, no obstante, ha ido creciendo cada año y que todos estamos obligados a proteger y promocionar, cada uno desde el lugar que le corresponda. Y esto también debiera concernirle a la administración portuaria, que hasta la fecha ha hecho lo que la he venido en gana como hemos visto, pero por lo visto le puede más el afán recaudatorio que los daños colaterales que se produzcan.

Me explico: Como es bien sabido, el aparcamiento de vehículos es un grave problema que tienen las ciudades, que en Garrucha se acrecienta con la llegada del verano, aunque el problema se ha venido aliviando con la explanada del puerto. Pero resulta que este verano la APPA ha puesto al cobro el estacionamiento de vehículos en la misma. Una medida inesperada que claramente perjudica y perturba la buena marcha de la oferta turística de Garrucha, pues ahora serán muchos los que dejen de visitarnos para evitar que le sonsaquen el bolsillo.

Otros, para evitar el pago, aparcan y saturan la orilla de la carretera del puerto, junto al arcén. El pueblo de Garrucha que tanto ha soportado y soporta de la APPA no se merece un trato así. Se trata de un error que perjudica los intereses municipales, pues las cortapisas al turismo no son buenas.

Así que es de esperar que se imponga la razón y se rectifique tal cobranza, ya que todo no ha de basarse en el lucro. Creo que es lo justo y sería una buena contribución de la APPA a su proyecto de puerto – ciudad. No sé lo que se piensa en el Ayuntamiento sobre el asunto, pero si no han hecho nada al respecto aquí tienen una gran ocasión de apuntarse un buen tanto, máxime con su proximidad política a la Junta de Andalucía. No en balde la alcaldesa ha dicho que se están poniendo las bases para que Garrucha sea el referente del turismo comarcal. Esperemos que así sea.

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