Buenas noches y gracias por acompañarnos esta noche en el homenaje a Javier Verdejo. Desde el Centro Andaluz del Pueblo que lleva su nombre, hemos querido dedicarle unas palabras, no como un homenaje póstumo, ni una despedida, sino hablándole, contándole en una carta desde la simpatía y el reconocimiento.

Querido Javier, como ves, aquí estamos. Aquí estamos recordándote en este homenaje que seguro te ruborizará, 40 años después de tu muerte. 40 años en los que unos, desde el mismo momento de tu asesinato se empeñaron en enterrar y olvidar, desde las autoridades, los asesinos, el poder.

Y otros, tus compañeros, tus camaradas y todos y todas los luchadores antifascistas nos empeñamos en rescatarte de ese pretendido olvido impuesto y mostrarte orgulloso como eras: valiente, coherente, luchador incansable, noble, consecuente entre tu forma de pensar y tus actos.

Tan consecuente que moriste vilmente asesinado escribiendo las palabras que daban sentido a tu lucha, a tu vida: PAN, TRABAJO Y LIBERTAD. Posiblemente pocos hombres o mujeres de a pie almerienses de hasta 25 o 30 años sepan quién fuiste. Muchos otros se conformaron con ponerle tu nombre a una calle.

Pero somos muchos los que creemos que nuestra deuda contigo es impagable, los que hacemos de tus ideales de compromiso con la sociedad, con los pobres, con los marginados y oprimidos, nuestro camino. La población almeriense, tenemos la obligación de saber quien fuiste Javier, y orgullosos, contar tu historia, conocer tu lucha y compromiso. Por ello desde el Centro Andaluz del Pueblo quisimos llevar tu nombre como bandera y símbolo de nuestra lucha. Pero cómo explicarle a las generaciones actuales totalmente manipuladas por los medios de comunicación y redes sociales, empeñadas en buscar pokemos y fantaseando con eso que llaman realidad virtual, que hubo personas como tú que consagraste tu juventud y adolescencia a luchar contra un sistema y unas instituciones fascistas.

Tu ejemplo Javier, no interesa. Tus preocupaciones por una sociedad más justa e igualitaria no interesa que sea escuela para nadie. Nos dicen que eso forma parte del pasado y no hay que removerlo, que el fascismo se acabó hace 40 años y no tiene sentido hablar de ello ahora. No podemos estar en más desacuerdo. Tu lucha y ejemplo son hoy más válidos que nunca. Las instituciones y el sistema podrido que combatiste está hoy más afianzado y fuerte que nunca. Enmascarado y vendido como una democracia real, ese sistema anestesia a la juventud, inculcándoles unos valores egoístas, haciendo del todo vale por el dinero, una virtud. Un sistema que aliena personas convirtiéndolas en seres carentes de espíritu crítico, desprovistos de empatía, de ternura y de rebeldía ante las injusticias.

De todo eso que te sobraba a ti Javier. Alguien escribió una vez que aquellos pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla, por ello, todos debemos conocer quien fuiste, Javier. Para que no haya más asesinados mientras luchan por la libertad, por el derecho al trabajo, a vivir dignamente, por el derecho a rebelarse ante las injusticias. Por ello todos los días las personas que combatimos este sistema, los inconformistas, los rebeldes, te sentimos a nuestro lado. Estás con nosotros gritando contra los desahucios en las puertas de algún banco, estás con nosotros gritando no a la otan y contra sus bases y ejércitos mercenarios , estás con nosotros en las asambleas de parados, en las asociaciones de vecinos, estás con nosotros cuando nos solidarizamos con otros pueblos y su lucha de liberación, estás con nosotros cuando peleamos por los refugiados y su derecho a una vida mejor, y estás esta noche aquí, con nosotros junto a tus amigos y compañeros de lucha, sonriendo, cantando y levantando orgulloso tu puño.

Hoy, en el 40 aniversario de tu asesinato, pocos periódicos, pocas emisoras de radio, pocos medios de comunicación se acordarán de tí, todo lo más, hablarán de este acto. Pero querido Javier para recordarte no necesitas y seguro que no quieres los poderes contra los que combatiste, para ello, tienes el calor y la sonrisa de los presentes y también de los muchos ausentes que te llevan en el corazón.

Ya toca despedirse Javier, sólo mandarte un abrazo muy fuerte compañero, darte las gracias por alumbrar nuestro camino y decirte que aquí estamos, aquí estamos y aquí seguiremos contigo HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.

BUENAS NOCHES JAVIER.

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