Transcribimos textualmente la conferencia ofrecida por el Secretario General de lka Federación Internacional de Periodistas con motivo del I Encuentro de Periodistas del Mediterráneo, que se está celebrando en Almería con motivo de los los Juegos Mediterráneos 2005.

En primer lugar, agradezco a los compañeros de la FAPE y en concreto a la Asociación de Prensa de Almería su generosa celebración de este encuentro.

Este interesante acontecimiento supone un reto y un paso más en el proceso de construcción de la solidaridad en la que los sindicatos de la FIP en el Mediterráneo llevan casi diez años trabajando.

El Encuentro hace un llamamiento a todos los periodistas de la región en un momento crítico tanto para los periodistas como para los medios de comunicación.

En la actualidad, los periodistas desempeñan una función fundamental en la información sobre las guerras y la intolerancia que, en gran parte, se centran en los países de la región mediterránea.

Sin embargo, los periodistas y los miembros de los medios de comunicación a menudo son víctimas de los conflictos.

El año pasado murieron más de 130 periodistas y miembros de los medios de comunicación en uno de los peores años que se recuerdan. Hasta la fecha, han muerto unos 73 periodistas y miembros de los medios tan sólo en el conflicto de Irak.

La FIP es consciente de que la mayoría de los periodistas que están en la punta de mira son víctimas de unos extremistas crueles con quienes no valen los argumentos morales.

Condenamos enérgicamente dichos ataques y a las personas que están detrás de la actual ola de rehenes que ha supuesto el secuestro de nuestros colegas Florence Aubenas, de Liberation, su intérprete Hussein Hanoun y los reporteros rumanos Sorin Miscoci, de Romania Libera y el periodista de la televisión, Eduardo Ohanesian.

Debemos ser inequívocos en nuestra condena del terrorismo. Lo afirmo porque a veces los que justifican la violencia extrema basándose en la idea de una “resistencia legítima” a la ocupación crean cierta confusión.

Por supuesto, todos reconocemos la importancia histórica de las luchas nacionales de liberación y la necesidad de una resistencia civil contra la injusticia y el derecho de los pueblos a la autodeterminación pero eso no es lo mismo que los actos indiscriminados de violencia contra la población en general. Apuntar contra los periodistas, torturarlos y secuestrarlos y la crueldad que hemos presenciado en el asesinato de colegas como Enzo Baldoni no tiene justificación posible.

Sin embargo, no nos enfrentamos únicamente los terroristas y su concepto distorsionado de la “resistencia” en relación a la seguridad de los periodistas.

Hace tan solo unos días, en el 8 de abril, organizamos una protesta mundial contra la incapacidad de los Estados Unidos de poner fin a la especulación sobre las matanzas dirigidas contra los periodistas y miembros de los medios de comunicación en Irak.

El 8 de abril se cumplió el segundo aniversario del ataque de los Estados Unidos contra el Hotel Palestina en Bagdad, donde se alojaban decenas de reporteros y medios de comunicación que informaban sobre la invasión estadounidense.

Dos periodistas – José Cuoso de Telecinco y Taras Protsyuk de Reuters – murieron y otros fueron heridos. La misma mañana, Tareq Ayyoub murió cuando bombarderos estadounidenses atacaron las oficinas del canal satélite árabe Al-Jazeera en Bagdad. Se han producido 11 muertes inexplicables más en las que estaban involucrados los soldados estadounidenses.

Cuando un país actúa en nombre de la democracia y sostiene que sus acciones son moralmente justificables, incluso por encima de la ley internacional, debe responder por sus acciones. Por tanto, pedimos justicia por José Cuoso y por las víctimas inocentes de la violencia contra los medios en Irak y otros lugares.

Dos años después de la invasión de Irak, los periodistas y los miembros de los medios de comunicación, y los periodistas iraquíes en particular, sienten profundamente el dolor de la guerra. Los periodistas del mundo y los del Mediterráneo expresamos nuestra solidaridad con nuestros colegas.

Los periodistas se unieron a las protestas mundiales de la FIP contra la impunidad del 8 de abril y el día que la FIP abrió una oficina de la solidaridad en Bagdad en apoyo a nuestros colegas en Irak que, con nuestra ayuda, están trabajando de manera sin precedentes para crear un movimiento unificado de periodistas en el país.

El encuentro de hoy dedicará tiempo a analizar la función de los medios y los periodistas en la información sobre los conflictos. Me uno a los que critican gran parte de la cobertura de los medios y creo que debemos de trabajar mejor. Hemos de evitar el lenguaje de la intolerancia y evitar también que nos manipulen los charlatanes políticos y militares.

Sin embargo, no estoy seguro de que la respuesta adecuada a la beligerancia y la intolerancia en los medios sea el llamado periodismo de la paz.

La respuesta al periodismo malo siempre ha de ser el buen periodismo.

Cuando los periodistas ofrecemos una información exacta, fiable y de calidad dentro de un contexto y de manera ética e independiente, se informa correctamente al público sobre las causas de la tensión.

Una buena labor periodística ayuda al público a comprender mejor los asuntos que conducen al conflicto y les permite decidir por sí mismos cómo lograr la paz y la tolerancia.

Por supuesto, hemos de establecer unos criterios. Los periodistas hemos de ser conscientes de nuestras responsabilidades, debemos de formarnos adecuadamente y hemos de poder trabajar de manera libre y ética.

Hemos de evitar el lenguaje de la intolerancia. No debemos alimentar la cultura de la violencia mediante un proceso lingüístico que sugiere, sobre todo entre los jóvenes, que la única solución a su profundo sentimiento de injusticia es el sacrificio de sus propias vidas y cometer aún más asesinatos.

Sin embargo, la apelación a un periodismo ético y a valores más elevados no resulta fácil en estos tiempos en los que los medios entran en una competición encarnizada por captar lectores y audiencia.

Tampoco ayuda que los gobiernos manipulen los medios para conseguir sus objetivos políticos – como se vio en España unos días antes de las últimas elecciones y en Gran Bretaña cuando el gobierno atacó a la BBC por su información independiente sobre la guerra en Irak.

Hoy, debemos de condenar a los gobiernos de la cuenca mediterránea –como Turquía, Eslovenia, Italia, Argel, Túnez e Israel – cuando su talante amenaza la independencia y el pluralismo de los medios.
Debemos unirnos en emitir un mensaje inequívoco a todos los gobiernos para que se abstengan de controlar a los medios y la información.

Y nuestro mensaje a los empresarios debe ser igual de contundente.

Demasiados empresarios han olvidado la misión del periodismo. No respetan los derechos de los trabajadores ni los principios profesionales y se obsesionan con los objetivos económicos y comerciales.

Hemos de recordarles sus responsabilidades y hemos de alimentar las voces alternativas.

Ayer fue el primer aniversario de Birgun, un diario independiente de Turquía que sobrevive en un mercado mediático feroz y despiadado, expresando opiniones independientes sin el apoyo de los grandes negocios y poderosos amigos políticos. Es una historia sorprendente que inspira una esperanza para la defensa del pluralismo, incluso en un ambiente político y comercial hostil.

Necesitamos un periodismo independiente en todos los ámbitos para enfrentarnos a los grupos de políticos sin escrúpulos y los intereses políticos que quieren utilizar los medios para fomentar el populismo, la intolerancia y la división en el seno de la sociedad.
En Europa, los estereotipos mediáticos del mundo árabe parece ser mayor y más peligroso que lo han sido durante las últimas décadas. Los medios no logran distinguir entre el fundamentalismo y el Islam en general y parecen considerar el compromiso con las comunidades religiosas como una amenaza contra los valores progresistas en lugar de verlos como una oportunidad para el dialogo con el fin de convencer a la población.
La guerra contra el terrorismo lanzado por Estados Unidos tras el ataque contra Nueva York y Washington del 11 de septiembre ha aumentado el énfasis sobre terrorismo y el fanatismo en el mundo árabe.
Es una obsesión, alimentada por la información sensacionalista y superficial del conflicto en el Oriente Medio y fomentado por políticos poco escrupulosos y racistas. Contribuye al incremento del clima de miedo en las previamente estables comunidades metropolitanas en Europa.
En la actualidad, se mezcla un cóctel venenoso de prejuicios e ignorancia sobre la cultura árabe en los países con una trayectoria de tolerancia como Noruega, Dinamarca, Austria y los Países Bajos que conduce a un resurgimiento de la política extremista que no se ha visto en los últimos 50 años.
Los periodistas de la cuenca Mediterránea desempeñan una función fundamental en la lucha contra esta peligrosa tendencia.

Debemos exigir a los empresarios más inversión en el periodismo y que gasten más en la formación y en empleos fijos en las editoriales.

Necesitamos un mayor dialogo social y menos confrontación con los periodistas y sus sindicatos.

En la actualidad, se cuestionan los derechos laborales y la situación profesional de los periodistas más que nunca. En esta región, los periodistas luchan por recibir un sueldo digno y se les obliga cada vez más a trabajar como autónomos o empleados desprotegidos, con la consiguiente merma de la calidad del periodismo y la falta de confianza del público.

Sobre todo, hemos de exigir un renovado respeto por el periodismo y las personas que lo practican.

Hace tan sólo dos semanas, la asamblea de la Federación Europea de Periodistas acordó un calendario para el cambio que constituye un llamamiento para

• Un nuevo compromiso con un periodismo profesional y de calidad;
• La defensa de las emisiones publicas
• Los derechos sindicales y justicia social para todos los periodistas, tanto para los que tienen contratos fijos como para los autónomos.

Dichas cuestiones nos conciernen a todos. Los periodistas del Mediterráneo no estamos al margen de la lucha a la que se enfrentan los empleados de los medios de comunicación en toda Europa y el norte de Afrecha.

Hemos de integrarnos en los debates y acciones que se realizan en Europa y en el Oriente Medio en apoyo a la independencia de las editoriales y la campaña a favor de la justicia en el periodismo.

Tras 18 años como Secretario General de la FIP, me hago pocas ilusiones respecto de las dificultades a las que nos enfrentamos. Soy consciente, además, de que los periodistas en Europa austral y el norte de Africa nos encontramos a veces al margen del debate sobre la construcción de la solidaridad entre periodistas en el ámbito internacional.

Dentro de la Federación Europea de Periodistas existe cierto malestar en cuanto a determinados sindicatos clave de los países del norte que desempeñan un papel demasiado dominante en nuestro trabajo y en las políticas creadas.

Hemos de desafiar la percepción de que la Europa austral se encuentra al margen de la solidaridad internacional porque no es cierta.

La FIP y la FEP tienen buenas razones para agradecer a los sindicatos en la cuenca mediterránea –Grecia, España, Chipre e Italia en particular – su sólida contribución a la solidaridad internacional.

Asimismo, constatamos un nuevo entusiasmo – por ejemplo en Turquía, Túnez y Marruecos – por desempeñar un papel más importante en los asuntos internacionales y para enfrentarse a las duras decisiones que han de tomar en sus países.

Sea bienvenido todo lo anterior pero hemos de hacer más.

Espero que este encuentro señale un nuevo comienzo para la solidaridad profesional entre Europa y el mundo árabe. Espero, asimismo, que sabrán inspirar un esfuerzo renovado para integrar a los sindicatos del sur de Europa en la campaña general europea a favor de los derechos de las editoriales y su independencia.

Sería difícil pensar en un tiempo más complicado para los periodistas, puesto que nos enfrentamos a presiones en todos los frentes pero aún así, nos espera un gran futuro.

Hemos de cohesionarnos, mantenernos en contacto, expresar nuestra solidaridad con los colegas necesitados y sobre todo, garantizar que la voz del periodismo del Mediterráneo, en todas sus manifestaciones heterogéneas y coloristas, sea escuchada alto y claro por los gobiernos, empresarios y nuestros hermanos y hermanas en el resto de Europa y el mundo árabe.

Gracias

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